¿Nunca os ha pasado que, a pesar de ser mayores en edad, tenéis actitudes de niño? Yo mismo no soy una excepción, y como la mayor parte de mi generación, me crié con las películas de Disney. Es cierto que nunca fui el mayor fan, pero tras pasar este puente escuchando algunas canciones, un instinto infantil se ha apoderado de mi. si, más todavía, si es posible, dirán los que me conocen. Supongo que iré por días, comentando las canciones o películas, o puede que esto se quede en otro de esos proyectos que empiezo y nunca termino. Ya se verá.
La canción que dejó ahora es de Pocahontas, para cualquier persona sin infancia que no la conozca. Debe de haberme tocado la fibra sensible, o la fibra ecologista, o tal vez ambas, el caso es que me anima a apuntarme en Greenpeace. Sea como fuere, la canción es la que sigue, y yo me siento de nuevo como un niño frente al televisor matando las horas de la tarde entre merienda y cena.
Como todo el mundo, uno tiene voz, y no debe callarse nunca. He pasado demasiado tiempo callado, y ahora me apetece hablar.
Susurros
Porque a veces necesitamos hablar y no callar
lunes, 12 de diciembre de 2011
Todos la cagamos
De la misma forma que un disco no es sólo una canción, no podemos juzgar a una persona por una sola acción. Todos nos equivocamos alguna vez, todos hacemos daño, a todos nos hacen daño. Lo normal no es ser perfecto, lo normal es tener errores. Lo que hay que aprender es a no repetirlos, y para eso es necesario fallar primero para acertar después.
martes, 8 de noviembre de 2011
Momentos...
que te hacen querer más. El primer sorbo de una cerveza fría en verano, la primera patata que acompaña al filete, el primer beso del día, las cosquillas debajo de las sábanas.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Hola de nuevo
Hace hoy exactamente un mes que no escribo nada en este blog. La razón es muy simple: no tengo internet (todavía!!!!).
Pero vamos al grano. Hoy, 26 de octubre, he notado que vuelve el frío, la lluvia sobre mi cara, sentir como la humedad rodea todo mi cuerpo y me hace desear quedarme en casa, pegado al sofá con una manta y una taza de café caliente mientras veo una película. Si, por fin ha llegado el otoño.
Vuelven los paseos por los parques, tan marrones, naranjas, de todos los colores imaginables. Vuelve el dar patadas a los montones de hojas que se acumulan en el camino. Vuelve el ver a los niños correr junto a sus madres en los parques, recogiendo la merienda y abrigándose del frío.
Por fin, siento que ya está aquí mi estación favorita del año. Aunque no esté en casa, puedo sentir los últimos rayos de sol de cada día acariciando mi cara mientras veo como estos se hunden en el mar. No he visto muchos otoños, pero recuerdo e imagino todos ellos. Otoños al lado del mar, con el viento aullando contra las rocas, los árboles resistiendo contra este, y el agua de lluvia y de mar luchando por llegar a tierra mientras baila al compás del viento. Inviernos en la montaña, cuando llega el frío y los juegos de luces y sombras que se cuelan entre los árboles desaparecen tan pronto el sol se oculta tras los montes. Inviernos al lado de un río, donde los peces se juntan en grupos para darse calor, y el vapor de las aguas llena todo de un aroma único.
Es el otoño, una estación intermedia entre el verano y el invierno, no tan mágico como el invierno, no tan agradable como el verano, pero sin duda, al menos para mi, una estación que las supera a ambas. Esto es un hola al otoño, y un hola a todas las personas que leerán esto, no importa cuando, y que como yo saben aprovechar estas tardes otoñales para relajarse descubrir que por muy humanos que seamos, la naturaleza es un nuestro verdadero hogar, la naturaleza de tierra, no la del asfalto. Hola.
Pero vamos al grano. Hoy, 26 de octubre, he notado que vuelve el frío, la lluvia sobre mi cara, sentir como la humedad rodea todo mi cuerpo y me hace desear quedarme en casa, pegado al sofá con una manta y una taza de café caliente mientras veo una película. Si, por fin ha llegado el otoño.
Vuelven los paseos por los parques, tan marrones, naranjas, de todos los colores imaginables. Vuelve el dar patadas a los montones de hojas que se acumulan en el camino. Vuelve el ver a los niños correr junto a sus madres en los parques, recogiendo la merienda y abrigándose del frío.
Por fin, siento que ya está aquí mi estación favorita del año. Aunque no esté en casa, puedo sentir los últimos rayos de sol de cada día acariciando mi cara mientras veo como estos se hunden en el mar. No he visto muchos otoños, pero recuerdo e imagino todos ellos. Otoños al lado del mar, con el viento aullando contra las rocas, los árboles resistiendo contra este, y el agua de lluvia y de mar luchando por llegar a tierra mientras baila al compás del viento. Inviernos en la montaña, cuando llega el frío y los juegos de luces y sombras que se cuelan entre los árboles desaparecen tan pronto el sol se oculta tras los montes. Inviernos al lado de un río, donde los peces se juntan en grupos para darse calor, y el vapor de las aguas llena todo de un aroma único.
Es el otoño, una estación intermedia entre el verano y el invierno, no tan mágico como el invierno, no tan agradable como el verano, pero sin duda, al menos para mi, una estación que las supera a ambas. Esto es un hola al otoño, y un hola a todas las personas que leerán esto, no importa cuando, y que como yo saben aprovechar estas tardes otoñales para relajarse descubrir que por muy humanos que seamos, la naturaleza es un nuestro verdadero hogar, la naturaleza de tierra, no la del asfalto. Hola.
lunes, 26 de septiembre de 2011
Para ella
Hacía tiempo que no me pasaba por aquí, y no era por no querer, simplemente no tenía tiempo. Una de las entradas que escribí iba acerca de la gente que considero importante, los agradecimientos, blablabla. Pero he dejado a deber una entrada a la persona que hoy por hoy es más importante para mi. Como nombre en clave, podríamos usar Ea, que no deja de ser su apodo. Allá va.
Sé que te he escrito mil y un mensajes, y cada día los repito. Te escribo los mensajes cursis, esos que sé que odias, y también te envío los que sé que te van a enfadar. Pero eso podría decirse que es solo por cumplir, los envío porque no soy capaz de decirte las cosas a la cara...parece que nos parecemos en bastantes cosas.
Pero, como te dije ayer, a partir de ahora solo te diré las verdades. Nada de frases por cumplir, nada de palabras que se quedan en palabras. Solo la verdad.
Y la verdad es que te quiero, que quiero pasar más tiempo contigo. Quiero más paseos abrazado a ti, quiero hundirme en tus rizos y esnifarte. Quiero besar tu nuca y notar como ese escalofrío sube desde tu espalda. Quiero poder estar en cada sonrisa, en cada mirada, cada mirada de esos ojos que me enamoraron desde el principio, sin que yo me diese cuenta.
No voy a decir que todo ha sido un camino de rosas, sabes tan bien como yo que no todo fue bonito, sobre todo desde cierta noche. Pero lo arreglaste con una simple conversación, solo con unos minutos me hiciste la persona más feliz del mundo. Y el resto más o menos ya lo sabes. No siempre te lo digo, pero siempre intento transmitírtelo. Te quiero, más que a nada, y a toda la retahíla de verbos que nos soltamos puedes añadirle eso. Eres mi verdad, mi todo. Te quiero más que a nada. Ahora estoy hablando contigo, y escribo esto. Solo puedo decirte que esperes a las tres y media.
Mi primer amor, y probablemente el único.
Sé que te he escrito mil y un mensajes, y cada día los repito. Te escribo los mensajes cursis, esos que sé que odias, y también te envío los que sé que te van a enfadar. Pero eso podría decirse que es solo por cumplir, los envío porque no soy capaz de decirte las cosas a la cara...parece que nos parecemos en bastantes cosas.
Pero, como te dije ayer, a partir de ahora solo te diré las verdades. Nada de frases por cumplir, nada de palabras que se quedan en palabras. Solo la verdad.
Y la verdad es que te quiero, que quiero pasar más tiempo contigo. Quiero más paseos abrazado a ti, quiero hundirme en tus rizos y esnifarte. Quiero besar tu nuca y notar como ese escalofrío sube desde tu espalda. Quiero poder estar en cada sonrisa, en cada mirada, cada mirada de esos ojos que me enamoraron desde el principio, sin que yo me diese cuenta.
No voy a decir que todo ha sido un camino de rosas, sabes tan bien como yo que no todo fue bonito, sobre todo desde cierta noche. Pero lo arreglaste con una simple conversación, solo con unos minutos me hiciste la persona más feliz del mundo. Y el resto más o menos ya lo sabes. No siempre te lo digo, pero siempre intento transmitírtelo. Te quiero, más que a nada, y a toda la retahíla de verbos que nos soltamos puedes añadirle eso. Eres mi verdad, mi todo. Te quiero más que a nada. Ahora estoy hablando contigo, y escribo esto. Solo puedo decirte que esperes a las tres y media.
Mi primer amor, y probablemente el único.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Sentimientos
Nunca he sido lo que se dice una persona sentimental, mi propia madre me ha acusado varias veces de poco cariñoso. Cuando tengo que llorar, no lloro, cuando tengo que enfadarme, no me enfado. Supongo que seré raro. En ocasiones he tenido que fingir lo que siento, dar una mentira en lugar de mostrar lo que realmente me ocurre.
Lo que nadie sabe es que si de verdad muestro mis sentimientos, si dejo que me dominen, me convertiría en lo opuesto de lo que soy. He creado una imagen de mi, no una mentira, si no una realidad, pero que se tambalea. Si hiciese lo que de verdad siento, me pasaría el día llorando. Porque no es fácil sobrellevar los mazazos que te da la vida. No es fácil mirar a tu padre, ese ser al que siempre has adorado, y comprender que le ha hecho daño a tu madre, más que ninguna otra persona en el mundo. No es fácil echar la vista atrás y recordar su comportamiento, las mentiras, cómo la trataba, cómo te trataba. Tantos sueños tirados a la basura porque él prefería echar la siesta que llevarte al parque con tus amigos. Tantas horas delante de una pantalla porque así él tenía el día libre.
Si de verdad me dejara llevar, lloraría, me enfadaría, les gritaría a todos los que me rodean que me dejasen en paz, que se metan en sus asuntos. Porque lo que yo siento en realidad es que no puedo confiar en nadie, todo el mundo va a hacerme daño, ya lo he comprobado.
Y cuando le miro a él, ese odio y esa adoración pelean, a cada segundo, a cada instante. Es difícil asumir que odias a tu padre, y que a la vez no puedes odiarlo. Cuando alguien a quién quieres hace daño a otra persona que quieres, no sabes qué hacer, qué sentir. Es mejor dejarlo pasar, que el agua fluya y se vaya al mar.
Porque no soy así, no quiero ser así. Es mejor ser fuerte, que pasarse la vida llorando. No pienso entrar al juego. Los sentimientos son innecesarios, pueden reprimirse, ahora lo sé. Pero esto tiene un problema. Reprimir los sentimientos negativos tiene el mismo efecto sobre los positivos. Amor, cariño, felicidad, van ligados a esa negación. Y si dejo que afloren, sus compañeros me ahogan, me hunden en esa espiral de lagrimas de la que llevo casi año y medio escapando, contra la que he luchado tanto. ¿Qué debería hacer? ¿Qué puedo hacer, si lo mejor que tengo, lo mejor que puedo sentir, despierta lo que peor me hace sentir?
Lo que nadie sabe es que si de verdad muestro mis sentimientos, si dejo que me dominen, me convertiría en lo opuesto de lo que soy. He creado una imagen de mi, no una mentira, si no una realidad, pero que se tambalea. Si hiciese lo que de verdad siento, me pasaría el día llorando. Porque no es fácil sobrellevar los mazazos que te da la vida. No es fácil mirar a tu padre, ese ser al que siempre has adorado, y comprender que le ha hecho daño a tu madre, más que ninguna otra persona en el mundo. No es fácil echar la vista atrás y recordar su comportamiento, las mentiras, cómo la trataba, cómo te trataba. Tantos sueños tirados a la basura porque él prefería echar la siesta que llevarte al parque con tus amigos. Tantas horas delante de una pantalla porque así él tenía el día libre.
Si de verdad me dejara llevar, lloraría, me enfadaría, les gritaría a todos los que me rodean que me dejasen en paz, que se metan en sus asuntos. Porque lo que yo siento en realidad es que no puedo confiar en nadie, todo el mundo va a hacerme daño, ya lo he comprobado.
Y cuando le miro a él, ese odio y esa adoración pelean, a cada segundo, a cada instante. Es difícil asumir que odias a tu padre, y que a la vez no puedes odiarlo. Cuando alguien a quién quieres hace daño a otra persona que quieres, no sabes qué hacer, qué sentir. Es mejor dejarlo pasar, que el agua fluya y se vaya al mar.
Porque no soy así, no quiero ser así. Es mejor ser fuerte, que pasarse la vida llorando. No pienso entrar al juego. Los sentimientos son innecesarios, pueden reprimirse, ahora lo sé. Pero esto tiene un problema. Reprimir los sentimientos negativos tiene el mismo efecto sobre los positivos. Amor, cariño, felicidad, van ligados a esa negación. Y si dejo que afloren, sus compañeros me ahogan, me hunden en esa espiral de lagrimas de la que llevo casi año y medio escapando, contra la que he luchado tanto. ¿Qué debería hacer? ¿Qué puedo hacer, si lo mejor que tengo, lo mejor que puedo sentir, despierta lo que peor me hace sentir?
Bifurcación
Pulsas el botón, y lees el mensaje. En ese momento, cuando más la necesitas, no puede estar. Ese fin de semana no estará. y sientes que ya vuelves a la rutina. Podrías ir antes, sorprenderla delante de su casa, llamarla una mañana y darle una alegría. Pero no puedes. Porque tienes cosas que hacer, obligaciones con otras personas. No puedes abandonar a los tuyos, sabes que te necesitan. ¿Y qué hay de ti? ¿Uno no necesita a alguien?
Toda la vida siendo el niño bueno, cumpliendo con lo que se esperaba, resistiendo los golpes y las prohibiciones, los lloriqueos de uno y la flojera del otro. Cuidar de ti, de tu hermano. Y cuando por fin vas a tener libertad, no puedes cogerla. Es tu momento, y no puedes aprovecharlo. Si te vas antes, les haces daño. Si te vas más tarde, no la tienes a ella. Y la necesitas. Son caminos opuestos. Necesitas los dos, pero nunca podrás optar por los dos. Jodido karma.
Toda la vida siendo el niño bueno, cumpliendo con lo que se esperaba, resistiendo los golpes y las prohibiciones, los lloriqueos de uno y la flojera del otro. Cuidar de ti, de tu hermano. Y cuando por fin vas a tener libertad, no puedes cogerla. Es tu momento, y no puedes aprovecharlo. Si te vas antes, les haces daño. Si te vas más tarde, no la tienes a ella. Y la necesitas. Son caminos opuestos. Necesitas los dos, pero nunca podrás optar por los dos. Jodido karma.
sábado, 3 de septiembre de 2011
Normalidad
Y por un momento la has recuperado. Volvías a sentirte bien, a gusto con todo y con todos. Eras capaz de sonreír, de decir las cosas a la cara, sin miedo, sin dudas. Estabas solo, y volvías a sentirte acompañado, sin miedo a lo que pudiese pasar. Allí, en aquella habitación, a solas, como cabría esperar. Pero no estabas solo. Estabas con ella, solo para ella. Y nada podía ir mal.
Volvías a tener lo que era tuyo, algo que te fue arrebatado hace tiempo y que nunca creíste volver a tener. Tranquilidad, paz, normalidad. Simplemente, felicidad. Después de todo lo que te ha pasado, vuelves a ser feliz. Una cosa tan simple, y a la vez tan difícil. Pero, en palabras de cierta persona, esa felicidad fue solo una ilusión, una imagen que dura lo que dura un beso. Pero los besos pueden durar segundos, o ser eternos. Todo depende de lo que quieras.
Volvías a tener lo que era tuyo, algo que te fue arrebatado hace tiempo y que nunca creíste volver a tener. Tranquilidad, paz, normalidad. Simplemente, felicidad. Después de todo lo que te ha pasado, vuelves a ser feliz. Una cosa tan simple, y a la vez tan difícil. Pero, en palabras de cierta persona, esa felicidad fue solo una ilusión, una imagen que dura lo que dura un beso. Pero los besos pueden durar segundos, o ser eternos. Todo depende de lo que quieras.
martes, 30 de agosto de 2011
Ahora toca lo bueno
Las dos primeras entradas no son lo que se puede decir agradables. Parece que soy un pesimista, y es todo lo contrario. Es solo que uno pasa por un momento bajo, un bajón de más de año y medio, pero es sólo una racha, siempre acaba pasando. Por suerte, siempre tienes a gente que te apoya. Sobretodo amigos. Este blog va dedicado a todos aquellos que me han apoyado, a esos compañeros de biología que sin quererlo han ayudado a hacer de este año un buen año, y que me hacen desear volver a clase.
Para empezar, Andresito, el pequeño marine. Cuando lo conocí pensé que era un pijo más, y ahora resulta que se ha convertido en un tío con el que sé que puedo contar, y al que, desde nuestro momento gay con Casablanca, necesito.
En segundo lugar, el señor Bóveda, alias Pablo. Un abuelo, como suelo llamarlo, pero bastante cumplidor, siempre dispuesto a ayudar, y que me ha acompañado en todos esos ratos entre clase y clase. Su defecto, ser madridista.
La gente del grupo G2, a saber: Juanito, Mar, Cosman, Iván, Álex, David, Brais, sin los cuales las clases serían aburridísimas. Gracias por hacer del curso algo más animado, con nuestras discusiones Barça-Madrid o las bromas sobre la cocaína.
No hay que olvidarse del resto de compañeros, que entre ciento y pico que somos tengo que nombrar a alguien más. Diego, Jóse, Rafa, Alvarito, Ruth, Áurea, Rebe, Rafa, Richi, Chusa, Alba, Nerea, todos los que nos juntamos fuera para que nos de el aire entre sermón y sermón. Gracias.
Gracias por estar ahí, como suele pasar conmigo, lo que necesito es tener a alguien a mi lado, sin que os déis cuenta ya me ayudáis, me permitís ser normal, algo que nunca antes había sido. ¡Gracias por todo gente, se acerca un nuevo curso, a ver cuantos aguantamos el tirón!
Para empezar, Andresito, el pequeño marine. Cuando lo conocí pensé que era un pijo más, y ahora resulta que se ha convertido en un tío con el que sé que puedo contar, y al que, desde nuestro momento gay con Casablanca, necesito.
En segundo lugar, el señor Bóveda, alias Pablo. Un abuelo, como suelo llamarlo, pero bastante cumplidor, siempre dispuesto a ayudar, y que me ha acompañado en todos esos ratos entre clase y clase. Su defecto, ser madridista.
La gente del grupo G2, a saber: Juanito, Mar, Cosman, Iván, Álex, David, Brais, sin los cuales las clases serían aburridísimas. Gracias por hacer del curso algo más animado, con nuestras discusiones Barça-Madrid o las bromas sobre la cocaína.
No hay que olvidarse del resto de compañeros, que entre ciento y pico que somos tengo que nombrar a alguien más. Diego, Jóse, Rafa, Alvarito, Ruth, Áurea, Rebe, Rafa, Richi, Chusa, Alba, Nerea, todos los que nos juntamos fuera para que nos de el aire entre sermón y sermón. Gracias.
Gracias por estar ahí, como suele pasar conmigo, lo que necesito es tener a alguien a mi lado, sin que os déis cuenta ya me ayudáis, me permitís ser normal, algo que nunca antes había sido. ¡Gracias por todo gente, se acerca un nuevo curso, a ver cuantos aguantamos el tirón!
domingo, 28 de agosto de 2011
Vamos a contar mentiras, tralará
Siguiendo con la presentación, me apetece hablar sobre las mentiras. No solo sobre las mentiras, si no con todo aquello que conciernen, como por ejemplo la traición. Todos tenemos a alguien, un amigo, una persona, en la cual hemos depositado nuestra confianza. Y cuando menos te lo esperas, te clavan un puñal. Si, supongo que me entendéis, sabéis de qué hablo. Normalmente, llegado a ese punto, uno suele preguntarse qué motivos tenía para mentirte, para ocultar su verdadera forma de ser, sus motivos, en resumen, por qué te mentía.
En mi experiencia personal, he de decir que pertenezco al grupo de los mentirosos, y a la vez de los que han sufrido ese tipo de mentiras. Mentiroso, pero no con maldad. Cuando ves sufrir a alguien, y te sientes impotente, y lo único que deseas hacer es huir y alejarte de los problemas, la decisión correcta no es siempre la decisión fácil para uno mismo. Tienes que mentirle a esa persona, fingir que todo está bien, para darle ánimos, cuando en realidad estás tan abatido como ella. Y los meses pasan, y alargas la mentira hasta extremos que antes no sospechabas, la estiras tanto que llegas a creer que todo está bien.
Pero un día recuerdas la traición, esa herida que no se cierra ni se cerrará nunca, por mucho que te mientas a ti mismo o a los demás. Te descubres un día, y te sorprendes llorando a solas, a oscuras en la esquina de tu habitación o en el borde de tu cama. Ahogas los sollozos, porque sabes que pueden oírte, y vuelves a mentir. Por los demás. Porque así es el mundo, un cúmulo de mentiras que no dejan de crecer y crecer, de entrelazarse. ¿Pero qué sería del mundo sin esas mentiras? Sin duda, no sería lo mismo. Porque aunque duelan, hay mentiras que son necesarias. Mentimos para proteger a los demás. Porque siempre duele más una verdad que una mentira. Siempre.
En mi experiencia personal, he de decir que pertenezco al grupo de los mentirosos, y a la vez de los que han sufrido ese tipo de mentiras. Mentiroso, pero no con maldad. Cuando ves sufrir a alguien, y te sientes impotente, y lo único que deseas hacer es huir y alejarte de los problemas, la decisión correcta no es siempre la decisión fácil para uno mismo. Tienes que mentirle a esa persona, fingir que todo está bien, para darle ánimos, cuando en realidad estás tan abatido como ella. Y los meses pasan, y alargas la mentira hasta extremos que antes no sospechabas, la estiras tanto que llegas a creer que todo está bien.
Pero un día recuerdas la traición, esa herida que no se cierra ni se cerrará nunca, por mucho que te mientas a ti mismo o a los demás. Te descubres un día, y te sorprendes llorando a solas, a oscuras en la esquina de tu habitación o en el borde de tu cama. Ahogas los sollozos, porque sabes que pueden oírte, y vuelves a mentir. Por los demás. Porque así es el mundo, un cúmulo de mentiras que no dejan de crecer y crecer, de entrelazarse. ¿Pero qué sería del mundo sin esas mentiras? Sin duda, no sería lo mismo. Porque aunque duelan, hay mentiras que son necesarias. Mentimos para proteger a los demás. Porque siempre duele más una verdad que una mentira. Siempre.
sábado, 27 de agosto de 2011
Para empezar, presentarse
Porque para todo hay una primera vez, digo que esta es la primera vez que escribo un blog. Como es evidente, utilizo un pseudónimo. Cosa estúpida, pero el anonimato es agradable. Es una mentira, dulce, y a la vez amarga. Pero con las mentiras se vive mejor. Desde pequeños nos mienten, todo es por nuestro bien. Y en el fondo, nos gusta esa mentira. Pero para mi, ya está bien de mentiras. Estoy harto de tener que mentir a los demás, y de que los demás me mientan. Es hora de alzar la voz, de elevarse a uno mismo, de decir verdades.
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