Hacía tiempo que no me pasaba por aquí, y no era por no querer, simplemente no tenía tiempo. Una de las entradas que escribí iba acerca de la gente que considero importante, los agradecimientos, blablabla. Pero he dejado a deber una entrada a la persona que hoy por hoy es más importante para mi. Como nombre en clave, podríamos usar Ea, que no deja de ser su apodo. Allá va.
Sé que te he escrito mil y un mensajes, y cada día los repito. Te escribo los mensajes cursis, esos que sé que odias, y también te envío los que sé que te van a enfadar. Pero eso podría decirse que es solo por cumplir, los envío porque no soy capaz de decirte las cosas a la cara...parece que nos parecemos en bastantes cosas.
Pero, como te dije ayer, a partir de ahora solo te diré las verdades. Nada de frases por cumplir, nada de palabras que se quedan en palabras. Solo la verdad.
Y la verdad es que te quiero, que quiero pasar más tiempo contigo. Quiero más paseos abrazado a ti, quiero hundirme en tus rizos y esnifarte. Quiero besar tu nuca y notar como ese escalofrío sube desde tu espalda. Quiero poder estar en cada sonrisa, en cada mirada, cada mirada de esos ojos que me enamoraron desde el principio, sin que yo me diese cuenta.
No voy a decir que todo ha sido un camino de rosas, sabes tan bien como yo que no todo fue bonito, sobre todo desde cierta noche. Pero lo arreglaste con una simple conversación, solo con unos minutos me hiciste la persona más feliz del mundo. Y el resto más o menos ya lo sabes. No siempre te lo digo, pero siempre intento transmitírtelo. Te quiero, más que a nada, y a toda la retahíla de verbos que nos soltamos puedes añadirle eso. Eres mi verdad, mi todo. Te quiero más que a nada. Ahora estoy hablando contigo, y escribo esto. Solo puedo decirte que esperes a las tres y media.
Mi primer amor, y probablemente el único.
Como todo el mundo, uno tiene voz, y no debe callarse nunca. He pasado demasiado tiempo callado, y ahora me apetece hablar.
Susurros
Porque a veces necesitamos hablar y no callar
lunes, 26 de septiembre de 2011
domingo, 4 de septiembre de 2011
Sentimientos
Nunca he sido lo que se dice una persona sentimental, mi propia madre me ha acusado varias veces de poco cariñoso. Cuando tengo que llorar, no lloro, cuando tengo que enfadarme, no me enfado. Supongo que seré raro. En ocasiones he tenido que fingir lo que siento, dar una mentira en lugar de mostrar lo que realmente me ocurre.
Lo que nadie sabe es que si de verdad muestro mis sentimientos, si dejo que me dominen, me convertiría en lo opuesto de lo que soy. He creado una imagen de mi, no una mentira, si no una realidad, pero que se tambalea. Si hiciese lo que de verdad siento, me pasaría el día llorando. Porque no es fácil sobrellevar los mazazos que te da la vida. No es fácil mirar a tu padre, ese ser al que siempre has adorado, y comprender que le ha hecho daño a tu madre, más que ninguna otra persona en el mundo. No es fácil echar la vista atrás y recordar su comportamiento, las mentiras, cómo la trataba, cómo te trataba. Tantos sueños tirados a la basura porque él prefería echar la siesta que llevarte al parque con tus amigos. Tantas horas delante de una pantalla porque así él tenía el día libre.
Si de verdad me dejara llevar, lloraría, me enfadaría, les gritaría a todos los que me rodean que me dejasen en paz, que se metan en sus asuntos. Porque lo que yo siento en realidad es que no puedo confiar en nadie, todo el mundo va a hacerme daño, ya lo he comprobado.
Y cuando le miro a él, ese odio y esa adoración pelean, a cada segundo, a cada instante. Es difícil asumir que odias a tu padre, y que a la vez no puedes odiarlo. Cuando alguien a quién quieres hace daño a otra persona que quieres, no sabes qué hacer, qué sentir. Es mejor dejarlo pasar, que el agua fluya y se vaya al mar.
Porque no soy así, no quiero ser así. Es mejor ser fuerte, que pasarse la vida llorando. No pienso entrar al juego. Los sentimientos son innecesarios, pueden reprimirse, ahora lo sé. Pero esto tiene un problema. Reprimir los sentimientos negativos tiene el mismo efecto sobre los positivos. Amor, cariño, felicidad, van ligados a esa negación. Y si dejo que afloren, sus compañeros me ahogan, me hunden en esa espiral de lagrimas de la que llevo casi año y medio escapando, contra la que he luchado tanto. ¿Qué debería hacer? ¿Qué puedo hacer, si lo mejor que tengo, lo mejor que puedo sentir, despierta lo que peor me hace sentir?
Lo que nadie sabe es que si de verdad muestro mis sentimientos, si dejo que me dominen, me convertiría en lo opuesto de lo que soy. He creado una imagen de mi, no una mentira, si no una realidad, pero que se tambalea. Si hiciese lo que de verdad siento, me pasaría el día llorando. Porque no es fácil sobrellevar los mazazos que te da la vida. No es fácil mirar a tu padre, ese ser al que siempre has adorado, y comprender que le ha hecho daño a tu madre, más que ninguna otra persona en el mundo. No es fácil echar la vista atrás y recordar su comportamiento, las mentiras, cómo la trataba, cómo te trataba. Tantos sueños tirados a la basura porque él prefería echar la siesta que llevarte al parque con tus amigos. Tantas horas delante de una pantalla porque así él tenía el día libre.
Si de verdad me dejara llevar, lloraría, me enfadaría, les gritaría a todos los que me rodean que me dejasen en paz, que se metan en sus asuntos. Porque lo que yo siento en realidad es que no puedo confiar en nadie, todo el mundo va a hacerme daño, ya lo he comprobado.
Y cuando le miro a él, ese odio y esa adoración pelean, a cada segundo, a cada instante. Es difícil asumir que odias a tu padre, y que a la vez no puedes odiarlo. Cuando alguien a quién quieres hace daño a otra persona que quieres, no sabes qué hacer, qué sentir. Es mejor dejarlo pasar, que el agua fluya y se vaya al mar.
Porque no soy así, no quiero ser así. Es mejor ser fuerte, que pasarse la vida llorando. No pienso entrar al juego. Los sentimientos son innecesarios, pueden reprimirse, ahora lo sé. Pero esto tiene un problema. Reprimir los sentimientos negativos tiene el mismo efecto sobre los positivos. Amor, cariño, felicidad, van ligados a esa negación. Y si dejo que afloren, sus compañeros me ahogan, me hunden en esa espiral de lagrimas de la que llevo casi año y medio escapando, contra la que he luchado tanto. ¿Qué debería hacer? ¿Qué puedo hacer, si lo mejor que tengo, lo mejor que puedo sentir, despierta lo que peor me hace sentir?
Bifurcación
Pulsas el botón, y lees el mensaje. En ese momento, cuando más la necesitas, no puede estar. Ese fin de semana no estará. y sientes que ya vuelves a la rutina. Podrías ir antes, sorprenderla delante de su casa, llamarla una mañana y darle una alegría. Pero no puedes. Porque tienes cosas que hacer, obligaciones con otras personas. No puedes abandonar a los tuyos, sabes que te necesitan. ¿Y qué hay de ti? ¿Uno no necesita a alguien?
Toda la vida siendo el niño bueno, cumpliendo con lo que se esperaba, resistiendo los golpes y las prohibiciones, los lloriqueos de uno y la flojera del otro. Cuidar de ti, de tu hermano. Y cuando por fin vas a tener libertad, no puedes cogerla. Es tu momento, y no puedes aprovecharlo. Si te vas antes, les haces daño. Si te vas más tarde, no la tienes a ella. Y la necesitas. Son caminos opuestos. Necesitas los dos, pero nunca podrás optar por los dos. Jodido karma.
Toda la vida siendo el niño bueno, cumpliendo con lo que se esperaba, resistiendo los golpes y las prohibiciones, los lloriqueos de uno y la flojera del otro. Cuidar de ti, de tu hermano. Y cuando por fin vas a tener libertad, no puedes cogerla. Es tu momento, y no puedes aprovecharlo. Si te vas antes, les haces daño. Si te vas más tarde, no la tienes a ella. Y la necesitas. Son caminos opuestos. Necesitas los dos, pero nunca podrás optar por los dos. Jodido karma.
sábado, 3 de septiembre de 2011
Normalidad
Y por un momento la has recuperado. Volvías a sentirte bien, a gusto con todo y con todos. Eras capaz de sonreír, de decir las cosas a la cara, sin miedo, sin dudas. Estabas solo, y volvías a sentirte acompañado, sin miedo a lo que pudiese pasar. Allí, en aquella habitación, a solas, como cabría esperar. Pero no estabas solo. Estabas con ella, solo para ella. Y nada podía ir mal.
Volvías a tener lo que era tuyo, algo que te fue arrebatado hace tiempo y que nunca creíste volver a tener. Tranquilidad, paz, normalidad. Simplemente, felicidad. Después de todo lo que te ha pasado, vuelves a ser feliz. Una cosa tan simple, y a la vez tan difícil. Pero, en palabras de cierta persona, esa felicidad fue solo una ilusión, una imagen que dura lo que dura un beso. Pero los besos pueden durar segundos, o ser eternos. Todo depende de lo que quieras.
Volvías a tener lo que era tuyo, algo que te fue arrebatado hace tiempo y que nunca creíste volver a tener. Tranquilidad, paz, normalidad. Simplemente, felicidad. Después de todo lo que te ha pasado, vuelves a ser feliz. Una cosa tan simple, y a la vez tan difícil. Pero, en palabras de cierta persona, esa felicidad fue solo una ilusión, una imagen que dura lo que dura un beso. Pero los besos pueden durar segundos, o ser eternos. Todo depende de lo que quieras.
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