Hace hoy exactamente un mes que no escribo nada en este blog. La razón es muy simple: no tengo internet (todavía!!!!).
Pero vamos al grano. Hoy, 26 de octubre, he notado que vuelve el frío, la lluvia sobre mi cara, sentir como la humedad rodea todo mi cuerpo y me hace desear quedarme en casa, pegado al sofá con una manta y una taza de café caliente mientras veo una película. Si, por fin ha llegado el otoño.
Vuelven los paseos por los parques, tan marrones, naranjas, de todos los colores imaginables. Vuelve el dar patadas a los montones de hojas que se acumulan en el camino. Vuelve el ver a los niños correr junto a sus madres en los parques, recogiendo la merienda y abrigándose del frío.
Por fin, siento que ya está aquí mi estación favorita del año. Aunque no esté en casa, puedo sentir los últimos rayos de sol de cada día acariciando mi cara mientras veo como estos se hunden en el mar. No he visto muchos otoños, pero recuerdo e imagino todos ellos. Otoños al lado del mar, con el viento aullando contra las rocas, los árboles resistiendo contra este, y el agua de lluvia y de mar luchando por llegar a tierra mientras baila al compás del viento. Inviernos en la montaña, cuando llega el frío y los juegos de luces y sombras que se cuelan entre los árboles desaparecen tan pronto el sol se oculta tras los montes. Inviernos al lado de un río, donde los peces se juntan en grupos para darse calor, y el vapor de las aguas llena todo de un aroma único.
Es el otoño, una estación intermedia entre el verano y el invierno, no tan mágico como el invierno, no tan agradable como el verano, pero sin duda, al menos para mi, una estación que las supera a ambas. Esto es un hola al otoño, y un hola a todas las personas que leerán esto, no importa cuando, y que como yo saben aprovechar estas tardes otoñales para relajarse descubrir que por muy humanos que seamos, la naturaleza es un nuestro verdadero hogar, la naturaleza de tierra, no la del asfalto. Hola.

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